lunes, 28 de julio de 2014

Les Halles y Centro Pompidou. París.

Les traigo ahora un paseo por el barrio de Les Halles y algunas fotos de mi visita al Centro Pompidou -un museo de arte moderno-.
El distrito o barrio de Les Halles se encuentra cerca de Le Marais, y puedo agregar que mientras el último fue durante mucho tiempo un pantano inundado por el Sena, el primero funcionó como mercado de París tras largos ochocientos años. Les Halles tiene calles adoquinadas y guarda reminiscencias de la ciudad de antaño. Hoy todavía conserva esos aires de viejo mercado y de cuando en cuando malos aires (aunque no peores que los que se huelen en el Metro francés). 


El Forum Des Halles, es la plaza principal, y si bien está siendo remodelada -y se estrenará en 2016- hoy día se puede visitar algunas de sus zonas algo reducidas:



La iglesia de St.-Eustache. 






Una moderna escultura adorna la plaza, casi en las puertas de la iglesia.


La obra se llama L´Écoute y su autor es Henri de Miller.
(¡Algún desubicado le hizo grafittis!)












Cruzando los jardines bautizados Nelson Mandela y percatándome de algunas gotas de lluvia, fui unas calles más arriba para resguardarme en el Centro Pompidou, el controvertido museo de arte contemporáneo:






La arquitectura del Centro es moderna, llamativa, y como todo lo nuevo en París fue criticada, ya que nada tienen que ver sus tubos de metal y sus colores vivos con el gris oscuro de las construcciones del alrededor. 





Dentro de la sala principal, hay que ir a buscar las escaleras...





Algunas vistas desde los balcones superiores del Centro. 
Tal les contaba, el diseño arquitectónico de este museo no tiene relación alguna con las casas que pueblan el barrio de Les Halles. 



Adentro para disfrutar del arte nuevo y loco loco:





Japoneses mirando una película sobre japoneses. 




Sala acústica.




El arte en el cuerpo, se llama esta sala.




Un taller de costura clandestino.


La sala de cine personalizada. Estuve un rato viendo documentales, fragmentos de películas de Buñel, y también hay videoclips muy pero muy extraños, yo no los entendí.


Últimas:









Tras una linda estancia modernísima fui por las escaleras, a bajar para retomar las calles.




domingo, 27 de julio de 2014

Le Marais y La Bastilla en París.

Un paseo a pie por el barrio Le Marais es un lindo plan para una tardecita con buen clima. Se pueden recorrer algunos sitios al aire libre y pasar de zonas transitadas a parques sumamente calmos, retirarse en un espacio verde y por qué no, comprarse un sanguchito de esos que saben hacer los franceses -con el pan homónimo- disfrutando escópicamente de los alrededores.  


El Hotel de Ville, punto de referencia y neurálgico de Le Marais. 
Mucha gente -en especial japoneses- así que fui por las zonas más tranquilas del barrio.


Nota aburrida o interesante, a según de quien: Este barrio comenzó a crecer en París a mediados del siglo XIII, cuando las aguas del Sena iniciaron una baja. Antes de ello el lugar era inhabitable, puesto que el río formaba en dicha zona enormes pantanos, y de allí el nombre que hoy le ha quedado, Le Marais significa el pantano. A finales del mismo siglo, varios aristócratas aprovecharon las tierras y la zona empezó a poblarse. Más tarde llegaría la instalación de numerosos conventos en los siglos venideros, y mucho más tarde la llegada de escritores como Victor Hugo o artistas más contemporáneos tal es el caso de Pablo Picasso.


Si tenés calor, pasás por el regador público. 


Siguiendo con el recorrido por el barrio, me adentré en uno de sus bellos parques.






La Torre de Saint-Jacques, un recuerdo histórico en el lugar.




Continúo y...


En la vida hay que elegir, pues claro, vamos a lo de Pablo.



La puerta de entrada al Museo Picasso. Aquí se instaló el gran artista durante su estadía en París. Fue su sitio de trabajo, taller de pintura y residencia. Pero ¿qué dice ese cartelito pegado en la puerta?


Nooooooooooo...
Bueno, calentito los panchos a seguir recorriendo.




Al menos les dejo la foto de la Plaza Thorigny, en la cual -dicen los locales- pasaba las tardes Picasso. Es apenas una esquina con algunos barcitos. Por las noches se iba de copas a Montparnasse, claro está.



En las inmediaciones del lugar en el que vivió el amigo Victor Hugo, llegué a otro parque donde hice una pausa para almorzar, sentado en uno de sus bancos, a la sombra de los árboles.


¿Vieron la fecha?




Luis XIII, bueno no es él, es una estatua en su memoria...




Saliendo del parque enfilé para la Bastilla.




Se puede decir que en la actualidad no es significativa la Plaza de la Bastilla en relación a lo que uno se encuentra allí, apenas algunos cafés y dos o tres teatros, sumado al edificio de la Ópera -que está fuera de temporada-. Pero la plaza tiene historia, la cual no me pondré a narrar en este momento. Tan sólo agrego que es un sitio que fue inaugurado y pensado como Plaza del Pueblo, y de vez en cuando en París sigue siendo un lugar que convoca a manifestaciones como así también a actos públicos.




El espíritu dorado de la libertad se apoya sobre la Columna de Julio.



El monumento (que fue inspirado en la Columna de Trajano de Roma) recuerda a quienes murieron en la Revolución de Julio de 1830. Cada 14 de julio en París se conmemoran los hechos acaecidos durante ese evento histórico. En la bóveda de la Columna de la Bastilla descansan los restos de víctimas de las revoluciones de 1830 y 1848.


Por mí lado, a paso veloz tomé caminos que me condujeron a otros lares. 



jueves, 24 de julio de 2014

Museo de Louvre. París.

Para muchos una visita a París es sinónimo de una visita al Museo de Louvre. Mi caso no fue la excepción, y agrego que se trata de un sitio magnífico, con la colección más basta de obras de arte clásicas que graban a fuego en la memoria de cada uno los hitos y los mitos de la historia de la humanidad.

Sabiendo que los días martes el museo se encuentra cerrado, aproveché para acercarme, y en la ausencia de muchedumbres insoportables, tomar unas fotos de los exteriores.

Ingresando por el Puente de las Artes -aquel de los candados, ¿se acuerdan?- se ingresa a la Plaza del Museo. 





La Plaza del Louvre y su fuente.




Sorteando las galerías se llega al Museo propiamente dicho...






Las controvertidas pirámides de vidrio creadas por I. M. Pei. 
Este anexo modernista fue muy criticado por personas cercanas a las artes. Lo cierto es que poco tienen que ver con el entorno, sin embargo le dan un toque único e inconfundible, ahora todos hablan de Louvre como de aquel museo con pirámides vidriadas. Mal o bien, lo importante es que hablen, decía un paisano. 



Como les contaba, regresé dos días después con la intención de hacerme cargo monetario de la entrada y disfrutar de las galerías que inundan el museo. Un día de sol, único en París, me sorprendió bien temprano a la mañana.


Tras una fila de cuarenta y cinco minutos...


Atroden de la pirámide y por ende del museo.



De la fila a las escaleras, de las escaleras al punto de venta de tickets y con el mapa del lugar en la mano, fui corriendo al primer piso de la colección, ¿para qué? Antes de que se llene de gente, para poder estar cerca y contemplar la obra de Leonardo.



Y esto es lo más cerca de La Gioconda que pude estar. La toma no es muy buena, pero sepan que alrededor pasaba esto...

Turistas = 80 % japoneses, 20% resto del mundo.


Galerías de arte.




El increíble Giuseppe Arcimboldo.

El impactante Giuseppe de Ribera.


Pintura al techo.

Otras obras que asombran:




El Napoleón I de Paul Delaroche. 
(Famoso por la mano dentro del sobretodo).


Rescates de la colección egipcia:

Este gatito del 310 a.C.




Y la poderosa esfinge de Ramses II, en el subsuelo del museo.



Y de la colección griega, la niña mimada:


 La Venus de Milo.















Eso es todo amigos y amigas, será hasta la próxima edición.


Esta selfie en el Museo de Louvre no da cuenta de un trastorno, pues la puedo justificar: resulta que me la tomé para el casting del Código Da Vinci II, estaban pidiendo CV con foto, aunque enseguida me dijeron que no quedé en el elenco, una decepción.